Rivista Anarchica Online


Argentina

Tango inclinado
di Massimo Annibale Rossi

El Microcentro de Buenos Aires parece importado de Hong Kong. Una arlequín de letreros, chorros de música arrogante que salen de tiendas y almacenes; chicas que tímidamente obligan a agarrar el folleto de publicidad. Un aparato concebido para desplumar los pelotones de turistas y compradores, y que contrasta con la exigüidad de las ventas actuales. Última chispa del optimismo menemista, correr detrás de un bienestar que fue y ya no es, la zona peatonal pierde su status. Inoxidables, animados por una prodigiosa capacidad de réplica de lo idéntico, proliferan los clones de Mc Donald's y de compañías telefónicas. Los primeros han sabido suministrar altas dosis de la receta norteamericana de la hamburguesa a la que fuera el almacén de carne del planeta. Telecom y Telefónica a su vez preservan a la apariencia de estarse repartiendo el mercado. A pesar de que celulares, teléfonos fijos y públicos abundan, en todas partes aparecen locutorios que ofrecen confortables y luminosas cabinas a precios exorbitantes.
Argentina, tierra de reciente inmigración e inmensa riqueza, ha seguido tenazmente el mito del primer mundo. El costo de la venta a bajo precio de sus recursos al capital multinacional quedó claro al fin de los gobiernos de Menem. Tres años de recesión ininterrumpida dieron cuenta de lo oportunista y utilitarista de las inversiones extranjeras. En los últimos meses, la agudización de la crisis y la rápida sucesión de los Ministros de Economía han alarmado los mercados, haciendo subir el índice más temido, el llamado "riesgo país", a niveles record. De poco parece haber servido el nombramiento del súper ministro Cavallo, dotado de poderes excepcionales, y discutido astro de la precedente gestión. Grandes ceremonias, discursos apocalípticos, síndrome del Titanic han acompañado su encargo como salvador de la nación. Pocos han querido ver en el hecho una violación al derecho de la representatividad. En las elecciones del 99 se presentaron dos coaliciones opuestas. La que ganó traicionó su programa y sus electores integrando al antagonista y haciendo propia su política económica. El partido de Cavallo, Acción por la Republica, apoyará el Gobierno en los próximos meses, pero votará en su contra con el bloqueo peronista en las próximas elecciones administrativas…
Cavallo, que en un tiempo fue visto como el artífice del milagro argentino, peregrina de una corte a otra de las finanzas internacionales, buscando aprobación. Pero las invocadas leyes del mercado desencadenan ahora su implacable lógica contra las agudas argumentaciones del súper ministro. Argentina ya no es fiable. Cavallo recuerda como muchos de los que ahora se muestran reticentes acumularon fortunas en los años prósperos; el provecho es ajeno a la gratitud. Por otro lado es un hecho que las multinacionales siguen obteniendo grandes beneficios. Las petroleras están perforando la Patagonia, ignorando las mínimas pautas de seguridad y del impacto ambiental. Los precios en los mercados de alto valor agregado -ver telemática- son más altos que en Europa. Acueductos, electricidad, transporte, carreteras están "por fin" en manos privadas. Pero con el aumento de los precios, amplios estratos sociales se han visto excluidos de la esfera de consumo, restringiendo su área.
La caída del poder adquisitivo de los sectores débiles se calcula en un 20% respecto a la media en los años 80, lo que cabe sumar a otro 20% respecto el decenio anterior. En una reciente entrevista, Eduardo Bustelo1, ex viceministro de Desarrollo Social del Gobierno de la Alianza, hacía públicas las evidencias en términos estadísticos. Bustelo define la actual dinámica como una "novela de terror". Los índices de 1960: 12% de pobreza y 3% de indigencia, colocaban la Argentina de entonces a niveles europeos, incentivando las ilusiones primer mundistas. Estas cifras se encuentran hoy triplicadas: una masa de pobreza del 35%, a la cual se suma un 10% de indigencia. La línea de pobreza se calcula en 155$ mensuales por adulto. Un transporte urbano cuesta 1$; un litro de súper 1.2$; un diario 1.6$. En esta situación -crisis aguda / alta desocupación- prospera la economía sumergida. Se encuentran obreros dispuestos a trabajar por 200$ mensuales; las familias se reducen a una economía de subsistencia.
El estado de ánimo común es cercano a la depresión. El plano inclinado desde los años 60 ha sido imparable: la alternancia de las dictaduras, la agudización de las tensiones sociales, la vuelta de Perón, el inigualable horror del gobierno militar. Alfonsín representó una esperanza; la esperanza. Sin embargo la economía fue atropellada por la hiperinflación. La inflación el 1989 alcanzó el 2000%. Y en esa conjuntura llega el hombre de la providencia: Cavallo, con su Plan de Convertibilidad. La estrategia parece sencilla y directa: vincular el exhausto Austral a la moneda fuerte del continente, mediante la paridad. Los problemas se agudizan con el aumento del valor del dólar y con el desarrollo del mercado global. En la segunda mitad de los anos 90, Brasil, que había tomado medidas parecidas, vuelve a la fluctuación. Hoy un peso vale 2,2 reales. Comienza a ser más conveniente invertir y producir en países con moneda devaluada, y importar el producto a Argentina. La periferia industrial de Baires está llena de establecimientos y talleres en desuso.
Microcentro, Calle Florida: las 23.00 de un día cualquiera. Los Mc Donald's ya han cerrado, los locutorios están bajando las persianas. Como si alguien hubiera ordenado la retirada, en pocos minutos las calles se vacían. Llegan los indigentes, para los cuales los funcionarios del gobierno han concebido frontera específica: menos de 60 $ mensuales. "¿Pero cómo se puede vivir con 2$ diarios?". Es suficiente pararse acá un poco más que los demás para entenderlo. Se come basura. Familias enteras, clanes, grupos de cualquier edad y color se vuelcan sobre las bolsas al cambiar la hora. Las más disputadas son las de los Mc Donald's: el trabajo es meticuloso, el criterio el derecho del primero en llegar. Son raras las discusiones y los incidentes; la concentración y la organización, remarcables. La cosecha se come en gran parte en el mismo lugar, los ojos de quien esperó todo el día. Las bolsas son revisadas a fondo, extrayendo comestibles y materiales útiles, luego cerrados con atención. Con las instituciones hay un acuerdo tácito: hasta que los basureros no creen problemas, los dejarán tranquilos.
Un almuerzo en La Paz, Bolivia, puede ser indigesto. Es costumbre que unos niños harapientos atiendan detrás del vidrio del restaurante las sobras de los platos de los turistas. Si le cae bien, y el gringo se siente indispuesto, alcanzarán una pata de pollo; si le cae mal, una patada del mozo. Los bolivianos fueron siempre mal considerados, bajo la superioridad de los argentinos. "Acá nunca se ha visto algo así; acá nunca pensamos que esto pudiera suceder…". El plano todavía queda inclinado y de nada parecen servir las palabras confortantes del súper ministro. La clase media ve achicar sus filas y su poder adquisitivo; la mirada empieza a voltearse hacia otro lugar.
Consulado de Italia en Buenos Aires, las 10.00 de un día laboral cualquiera. Una hilera silenciosa espera frente a una puerta majestuosamente blindada. Un letrero advierte que a causa de "reprobables incidentes", los empleados recibirán a los aspirantes a la ciudadanía únicamente mediante cita. En cualquier caso, pasaporte o no pasaporte, todos afuera. Un guardia jurado, con aire marcial dirige el acceso. En Argentina la mitad de la población tiene raíz italiana. Es suficiente demostrar la italianidad de un abuelo, de un ancestro, para obtener la doble nacionalidad.
Los ítaloamericanos representan para Italia un tanque potencial de 5.000.000 de votos. La derecha hace tiempo que está promoviendo el tema de la prioridad de los italianos del exterior a la hora de obtener casa y trabajo. Se trata de el nuevo frente de la cruzada lega-fascista contra los extracomunitarios.
La imagen del Bel Paese es idílica; el mito es el poderoso nordeste. Pero no todos piensan lo mismo en la cola ante el consulado. El vínculo con la íntima vitalidad, con la poesía triste y musical de esta ciudad puede ser muy estrecho. El problema, una vez más, es la esperanza.
Es una sensación parecida a estar en una prensa. Por un lado la enorme, hipertrófica deuda, que a pesar de los análisis y las promesas de los gobiernos tras la dictadura, no ha hecho más que crecer. Los funcionarios del Fondo Monetario son reverenciados, jamás contradecidos, Doctos profesores apostados en la cabecera de un moribundo. "¿La presión?"; "¿la orina?"; "¿los exámenes?". A pesar del estricto seguimiento de las recetas y curas, el estado del enfermo ha seguido empeorando. El 21 de abril, ya conducía Cavallo, el riesgo país alcanzaba 1284 puntos. Argentina disputaba con Ecuador, país que recientemente aprobó la convertibilidad, el primer lugar en la clasificación latinoamericana del odiado índice. El FMI persigue y no concede ilusiones: si se pagará, si se continuará con los sacrificios, de hecho la situación se mantendrá estable. La paradoja se mantiene en las proyecciones económicas del instituto publicadas el pasado mes de febrero2. La deuda en el año 2002 debería aumentar, pasando de 156.000 millones de dólares a 161.900, la desocupación disminuir un mísero 0.5 %. Si los hechos son así, se preguntan muchos, "¿por qué pagar?".
"Argentina cumplirá sus compromisos"; "Argentina mantendrá sus plazos"; "la convertibilidad no se toca". Las declaraciones se han convertido en obsesivas, y la repetición evidencia su debilidad. Agotadas todas las cartas, se está pensando en vincular el pago de los intereses a las pensiones y a los sueldos de los empleados públicos. Vale decir, garantizarlos en base al hambre y la supervivencia de la gente. El proyecto de convertibilidad dio buenos resultados en sus primeros años, pero fue concebido en un momento de baja valoración del dólar. La progresiva revalorización de la moneda norteamericana ha arrastrado el peso argentino, estimulando las importaciones y haciendo que la producción tendiera a salir del mercado. Durante el mismo tiempo la política de hiper privatización ha hipotecado las riquezas naturales del país y ha malvendido sus infraestructuras. La vida, tanto en el campo como en la ciudad, se ha ido haciendo cada vez más difícil. Dejado a la libre competencia, el sector del transporte público ha registrado una significativa proliferación de compañías. En una ciudad como Buenos Aires existen decenas de empresas que gestionan los medios de superficie, lo que hace imposible realizar un mapa general del transporte. La posibilidad de que los privados cedan, cambien las concesiones de las líneas, modifiquen los recorridos o simplemente los suspendan por dificultades económicas, complica más aún el asunto. Normalmente los usuarios no son avisados.
Lo mismo pasa con los transportes nacionales, realizados casi enteramente sobre asfalto. La terminal de Buenos Aires es impresionante. Infinitos pasillos y salas de espera para la gran cuantidad de empresas que comunican la capital con su extenso territorio. Para llegar a un mismo lugar se pueden tomar ocho compañías distintas, lo que implica o bien dejarse a la suerte, o bien emprender una extenuante operación de confrontación de precios y de condiciones de viaje, que suelen variar mucho de unas a otras. En Argentina existía una red ferroviaria bastante extensa, construida por los ingleses desde el fin del XIX. Con la racionalización, parte de las líneas han sido suprimidas, y se ha optado por el auto transporte. El tren representaba el medio más económico, el más usado por las clases humildes.
Ingeniero Jacobacci, Patagonia, Provincia de Río Negro. El tren fue suprimido años atrás, pero la gente del interior aún espera su silbido. El altiplano está desolado, casi desierto; lugares para lobos y pastores. Y, entre los lobos, las compañías locales de transporte. Un trayecto de un centenar de kilómetros cuesta 15 $, cifra impagable para la mayoría de los residentes. Con las dificultades de movilidad se ha difundido la especulación. Un saco de harina puede valer un 50% más que en la ciudad. Unos abandonan, otros aguantan; hay quienes aún confían en que el tren volverá a correr hacia la cordillera.
La opinión generalizada es que la privatización de las carreteras ha mejorado únicamente la billetera de los inversores. Ahora los peajes se pagan en todas partes, independientemente de la clase y del estado de la ruta. Neuquén es la capital de la homónima provincia. Es la puerta a la Patagonia y, a 1200 km de Buenos Aires, domina una planicie desolada. A 15 km se encuentra Centenario, ciudad de 25.000 habitantes. Las dos municipalidades están unidas mediante una carretera provincial, recién privatizada y convenientemente dotada de cabinas de peaje. Para ir a Neuquén, los habitantes de Centenario deben pagar a la ida y a la vuelta. Aspectos de las privatizaciones que remiten más a un lejano pasado que al flamante futuro del libre mercado. Recuerdan las épocas en las que atravesar un puente o recorrer una calle comportaba el pago de un tributo al presunto propietario.

Massimo Annibale Rossi
Traducciòn: Massimo Annibale Rossi y Dìdac Sanchez Costa

1. Hace falta una voluntad política, Cash suplemento de Pagina/12, Buenos Aires, 4/2/001.
2. Datos publicados en Pagina/12, La salida era una puerta giratoria, Buenos Aires, 20/2/01.